JAVIER AGUILAR DUARTE     Definitivamente en el país el horno no está para bollos como dijera la conseja popular.

     Noticias van y noticias vienen que hablan de violencia y de intolerancia en todos los renglones de nuestra sociedad.

     Las imágenes-ya no las compartidas por los medios tradicionales de comunicación-tomadas por los ciudadanos de a pie y reproducidas en las redes sociales en verdad son para dar miedo.

     Pareciera ser que la polarización está sentando sus reales y que la única salida de solución es la violencia: violencia ante la manifestación de las ideas por parte de los mexicanos que son reprimidos en una colusión inexplicable entre autoridades y delincuencia organizada, pero violencia también por quienes levantando la “bandera” de la reivindicación de estas injusticias sociales hoy destrozan, golpean, incendian y dan rienda suelta a la barbarie también tolerada por quienes no tienen moral para poder reprimirlos y evitar más desmanes.

     Y decía que la intolerancia está presente a lo largo y lo ancho de la republica ya que basta con que tu opinión no les guste a quienes le apuestan a la violencia para que inmediatamente te endilguen veinte mil etiquetas y lo más lamentable, desaten en tu contra una guerra sórdida de comentarios, ¿ donde quedo entonces nuestra libertad de expresión, o de opinión?.

     Injustificable es por supuesto el hecho de que en el abuso del poder se cometan homicidios de lesa humanidad, pero reprobable también es que escudándose en la reivindicación de los victimados, sujetos ajenos a su dolor, con los rostros cubiertos y además supuestamente miembros de una organización magisterial así como también supuestos estudiantes estén destrozando todo lo que se les atraviesa en su andar bélico

     Porque además, los propios padres de los estudiantes todavía en calidad de desaparecidos han repudiado estos actos de violencia que nada tienen que ver con su dolor, su coraje y su indignación

.

     Dicen que ya vienen para el sur y para el norte, ¿que sucederá cuando lleguen a nuestras ciudades y cometan los desmanes que están realizando hoy en las ciudades del centro del país?.

     Pareciera ser que la delincuencia organizada tomo un nuevo rostro o un nuevo matiz: ahora se encapucha y quema edificios públicos, coches, etc.

   Como ciudadano, como papa y como ser humano tiemblo solamente de pensar que podamos convertirnos en victimas indirectas o colaterales como les está sucediendo a muchos mexicanos que sin deberla ni temerla se están viendo afectados por intereses por demás oscuros que están hoy disputándose el control político, económico y lo más lamentable; de la delincuencia que asola a este país.

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